La fragilidad de un Imperio

Durante más de 100 años, entre 2160 y 2055 a.c , el país de Egipto vivió su primera gran crisis. El poder quedó totalmente descentralizado, los distintos gobernantes de algunas provincias, sobre todo del sur del país, aumentaron su poder ante la aparente incompetencia del gobierno central de controlar los diferentes recursos del país.

Mientras, en el Delta, al norte del país, diferentes invasiones de origen asiático asolaron la zona, y se sucedieron, lo que estudios recientes afirman, importantes cambios climáticos que afectaron a las crecidas del Nilo causando hambrunas.

Tan inestable fue ese momento, que llegó a haber hasta un total de 18 faraones en un período de sólo 20 años.

Egipto se encontraba totalmente fragmentado, de hecho llego a haber dos reinos, uno en el norte, en Heracleópolis y otro en Tebas.

„Un imperio tiene oro para sus amigos y hierro para sus enemigos.“   Flavio Marciano Augusto.

Reunificación

Sería el faraón Mentuhotep II, en el año 2055 a.c, quien, a través de hábiles intervenciones políticas, depuso a varios gobernantes de distintos nomos por otros leales y fieles a la monarquía, esto acabaría por devolver la estabilidad y equilibrio que culminaría con la  reunificación del país de la tierra negra.

Mentuhotep II gobernó hasta el día de su muerte en el año 2004 a.c. Fue un faraón con una fuerte visión comercial, supo muy bien como como explotar los recursos minerales del Sinaí y creo diferentes rutas de caravanas y expediciones a Nubia.

El faraón fue enterrado en su templo funerario en Deir el-Bahari, cerca de Tebas.

El mayor de sus hijos le sucedió en el trono, aunque habiendo sido el reinado de su padre tan largo, Mentuhotep III alcanzó el trono a una edad ya muy adulta. Pese a ello continuó con la labor de su padre mejorando distintas construcciones y manteniendo la prosperidad del país.

Según la lista real del papiro de Turín, este faraón reinó por un periodo de doce años, al parecer su intención era la de ser enterrado cerca de su padre en Deir el-Bahari, de hecho comenzó a construir en ese lugar su tumba pero nunca fue terminada y se cree que finalmente el faraón fue enterrado en Tebas.

Su sucesor es un completo misterio, pues no aparece en ninguna de las listas reales, ni de Abidos ni de Saqqara. En el canon de Turín tampoco aparece su nombre, aunque si nos da alguna información del que seguramente fue Mentuhotep IV.

El canon nos dice que la dinastía XI estuvo compuesta por seis reyes y que tras el reinado de Mentuhotep III, un faraón del que no se anota su nombre, reina por un tiempo de 7 años. Por ello los egiptólogos asocian a este Mentuhotep IV como último faraón de la dinastía XI.

Un sucesor sin sangre real

Poco o nada se sabe de su cuna. Aparece por primera vez en la historia del antiguo Egipto como visir de  Mentuhotep IV.

Amenenhat, fue el encargado de dirigir y coordinar la expedición a Wadi Hammamat ,que Mentuhotep IV ordenó entre los años 1992 y 1985 a.c.

No fue el primer faraón que envió una expedición al lugar. El Wadi ( que significa antiguo curso de agua) Hammamat, se encontraba en un  punto estratégico entre el rio Nilo y el Mar Rojo y muy cerca de Coptos y sus ricas minas de oro. El objetivo principal de la incursión,  además de la búsqueda de recursos minerales, era la de la localización de piedra para la construcción del sepulcro del faraón Mentuhotep IV.

La expedición fue un verdadero éxito y durante ella se produjeron varios episodios o señales a los que los expedicionarios dieron la interpretación de buenos augurios que venían a confirmar que Egipto se embarcaba de nuevo hacia un futuro prometedor, tras haber sufrido los convulsivos tiempos del primer período intermedio y la reunificación del reino por  parte de Mentuhotep II.

La llegada al trono de Amenenhat I no fue fácil, no pertenecía a la dinastía anterior y tuvo opositores a su elección en muchas de la élites del país. Y aunque nunca se ha sabido la razón por la cual Mentuhotep IV lo nombró sucesor (se especula con que la llegada al poder fue de una forma violenta o mediante una conjura) el faraón murió sin descendencia y designó al visir como Dueño y Señor de Las Dos Tierras.

Una nueva dinastía

Relieve de Amenemhat I procedente de su templo funerario en El Lisht. MET.

En el año 1939 a.c ( fecha de inicio de su reinado según  la cronología publicada por Hornung y  Krauss)  Amenenhat, visir del difunto faraón Mentuhotep IV, es coronado  como nuevo rey de Egipto, como Amenenhat I o  Sehetepibre (otro de sus nombres de entronización).

Una de las primeras actuaciones del nuevo monarca fue la de trasladar la capital del país, de Tebas hasta Iti-Tawy.

Nadie conoce la localización exacta de Iti-Tawy, aunque se especula con que pudo estar cerca de El-lisht (pues fue allí donde Amenenhat construyó su complejo funerario) y de Heracliópolis.

Otra de las decisiones más importantes que tomó el nuevo faraón fue la de alzar una serie de fortalezas, conocidas como Los Muros del Príncipe,  a lo largo de buena parte del Delta, cerca del Sinaí,  para evitar nuevas invasiones asiáticas.

Su intención, más allá de la de conquistar nuevos territorios, era la de mantener las fronteras de Egipto.

Durante su reinado, Amenenhat  tuvo que enfrentarse siempre a la fuerte oposición de los distintos nomarcas del país, pese a ello logró organizar el poder real y sin duda mejoró la administración pública.

En 1969 a.c, tras treinta años de gobierno, Amenenhat I fue asesinado por lo que se cree que fue una conjura de su propio harén.

Las instrucciones de Amenenhat

Se desconoce en que momento exacto se escribieron, se cree que su autor fue Jeti, aquel que fue llamado “el primer escriba” y  han sido datadas entre los reinados de Amenenhat I y de su sucesor e hijo, Senusert I ( también llamado Sesostris I). Las instrucciones de Amenenhat o  Las enseñanzas del rey Ammenemes a su hijo Sesostris narran como el asesinato se produjo durante la fiesta Sed del faraón, mientras este dormía . Años más tarde la historia de “El cuento de Sinuhé” ampliará la información añadiendo que su hijo Sesostris se encontraba en plena batalla contra los libios mientras su padre era asesinado.

El poema es un monólogo que pretende dar voz al espíritu de Amenenhat  y que dirige a su propio hijo. En el, aconseja, advierte y previene a su hijo de los peligros de la vida y del reinado. Tales instrucciones se encontraron escritas en el papiro Millingen, de la XVIII dinastía y está conservado actualmente en el museo de Berlín. La mayor parte de este papiro se ha perdido y se conservan sólo algunas partes:

“Enseñanza que hizo la encarnación del Rey del Alto y del Bajo Egipto: Sehetep-ib-Ra,
Hijo de Ra: Amenemhat, el justificado.
Fue con un mensaje de la diosa Maat que él habló
para su hijo, el señor de la totalidad.
El dijo, habiéndose elevado como un dios:
Escucha lo que te diré…
y cuando reines en la tierra, gobiernes las orillas,
obtendrás el bien en abundancia.

Ponte en guardia ante tus subordinados,
no te aproximes a ellos en tu soledad.
No confíes en un hermano, no conozcas amigo,
ni hagas confidencias.“

(Extracto de la primera parte de las instrucciones de Amenenhat.)

Tablilla escrita en escritura hierática con las prácticas de un escriba que copia un pasaje de las Instrucciones de Amenemhat

Fue en El-Lisht donde el faraón Amenenhat construyó su complejo funerario, algo muy curioso, y al parecer bastante habitual entre los antiguos faraones, era el desmantelamiento de algunas construcciones hechas por reyes anteriores en beneficio propio. Por eso en el interior de la pirámide de Amenenhat se encontraron varios bloques de piedra que se habían extraído de la rampa ceremonial del faraón Keops, de la IV dinastía.

El nuevo faraón

Senusert I o también conocido como Sesostris I, sucedió en el trono a su padre, está considerado como uno de los más grandes faraones de la dinastía. Sin duda sus inicios no fueron fáciles, al haber sido su padre víctima de una conjura que acabó en asesinato, aún así Senusert se convirtió en un gran mandatario, que puso en marcha la explotación de numerosas canteras de cobre y turquesa en Egipto. Su reinado fue muy largo, 46 años de los que se tiene mucha documentación, de hecho es el reinado mejor documentado de todo el periodo.

Al igual que su padre, Senusert I también construyó su pirámide en El-Lisht,  Lamentablemente, la pirámide sufrió un continuo desmantelamiento en la antigüedad y fue perdiendo su forma. Senusert I será el último faraón que descansará en la necrópolis de El-Lisht, su inmediato sucesor, Amenenhat II construirá su tumba en Dashur, donde en la IV dinastía, el faraón Snofru ya erigió dos pirámides.

Cinco faraones más completaran la dinastía XII.

El último de ellos, fue la primera mujer-faraón de la historia de Egipto, Sobekneferu (la primera de la que se tienen pruebas contemporáneas) que reinó seis dinastías antes de la conocida Hatshepsut.

Reina-faraón Sobekneferu

Sobekneferu fue la última gobernante del reino medio en el año 1760 a.c.

Tras el final de esta dinastía, Egipto se encontrará con un segundo periodo intermedio, de nuevo el fraccionamiento, la inestabilidad y las invasiones, en este caso de los hicksos, inundaran el país de Kemet durante más de 200 años…

Y es que la fragilidad de un imperio es la misma que la de una vida humana, Pese a todo, Egipto volverá a brillar en todo su esplendor, conseguirá, como ya hizo antes, superar ese periodo tan inestable y tan fragmentado, y resurgirá con un nuevo reino de esplendor, al que conocemos como “reino nuevo”

Ra brillará de nuevo y Nut velará nuestro soñar, pues la grandeza de Egipto nunca se apagará.

          Carolina García Alvarado

 

 

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