Viaje a la eternidad

 

Ahora entiendo realmente porque Roma va unida siempre al epíteto de eterna.  No porque sea imperecedera o perdurable en el tiempo, que también lo es, no, Roma es eterna porque necesitarías toda una eternidad para conocer sus secretos.

Desde las ruinas de la época imperialista hasta las construcciones  renacentistas, Roma imprime en el visitante, una extraña y fuerte sensación de grandiosidad, admiración y respeto. Y aunque hayan sido decenas las veces  que te lo hayan relatado, no alcanzaras a sentir tal sensación hasta que tus pies pisen por primera vez el suelo de la ciudad de las siete colinas.

Fiumicino

Prácticamente todo el mundo llega a Roma a través del aeropuerto de Fiumicino, oficialmente llamado aeropuerto Leonardo Da Vinci, desde allí y hasta tu llegada a Roma todavía no eres consciente del lugar donde te encuentras. Una autovía, como cualquiera de las que puedes ver en tu país, conecta con la milenaria ciudad. Aunque no tardarás mucho en darte cuenta de que, como decía Dorothy en el Mago de Oz “Totó, creo ya no estamos en Kansas”.

Santa María la Maggiore

Nunca olvidaré la primera vez que vi la basílica de Santa María La Mayor. Pocos minutos después de instalarnos en el hotel, nos dirigimos a la plaza del Esquilino, muy cercana a nuestro alojamiento. La plaza se alza sobre una de las siete colinas sobre las que se construyó Roma. En el centro, un enorme obelisco de casi 15 metros de altura se alza imponente y soberano, uniendo, como es habitual en Roma,  la esencia egipcia y la Roma imperial, pues se asegura que el mismo obelisco flanqueaba tiempo atrás uno de los lados del mausoleo de Augusto.

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Plaza de El Esquilino

Y entonces, tras bordear la plaza, aparece ella. La majestuosa Basílica de Santa María La Maggiore…

Si la fachada, ya de por si, impacta, el interior te deja completamente obnubilado.

La basílica está construida sobre un antiguo templo dedicado a la Diosa Cibeles. Se cuentan alrededor de ella muchas historias y leyendas, también es y fue conocida como  la Basílica Liberiana , pues fue el papa Liberio quien encargó su construcción, hacia el año 360. El Papa quería alzar un santuario construido en el lugar donde se produjo una aparición de la Virgen María ante un patricio local y su esposa. Según esta tradición, el perfil de la iglesia fue dibujado en el suelo por una milagrosa nevada que ocurrió el 5 de agosto de 358 en lo alto del  monte Esquilino. Por ese motivo fue dedicada a la Virgen María bajo el título de “Nuestra Señora de las Nieves” fieles y católicos  conmemoraban el milagro en cada aniversario lanzando pétalos de rosas blancas desde la bóveda y durante la misa festiva.

Tras pasar por el control de seguridad y atravesar las monumentales puertas, el monumento funerario al papa Clemente IX, obra del escultor Carlo Rainaldi, es quien nos da la bienvenida, alzando su brazo derecho a modo de bendición.

Irremediablemente tras admirar el monumento al Papa, mi mirada se dirigió hacía el techo. El artesonado me impactó aun más.

Tras avanzar hacia el altar mayor, pudimos deleitarnos con las numerosas capillas que se construyeron en los laterales de la basílica, todas ellas con un estilo totalmente barroco y con algún que otro tinte paleocristiano. La capilla Paulina, perteneciente a la poderosa y rica familia Borguesse, es especialmente bella. La díscola hermana del general Bonaparte descansa  aquí desde  1825, no podía dejar de fotografiar su hermosa cúpula aprovechando el haz de luz que en ese momento la atravesaba.

Capilla Paolina

EL altar mayor, abrazado por el gigantesco dosel tampoco deja indiferente, es muy difícil, al menos para mí, mantener la mirada en un solo lugar cuando te encuentras en un lugar como Santa María, pese a ello, sabía donde tenía que dirigirme.

Baldaquino de Santa María

Se encontraba a la derecha del altar mayor.  Conocía su aspecto, su forma y color. Tantas veces la había visto a través de fotografías…El maestro de todos los maestros, el conocido como “ El Arquitecto de Dios”. Aquel que tantas faustas y suntuosas tumbas había construido para diferentes Papas, diseñado la plaza de San Pedro en el Vaticano, escultor de tantas y tantas “Fontanas” en Roma, descansaba allí, bajo una simple losa de mármol.  Con una breve inscripción en latín que rezaba “la familia Bernini espera aquí su resurrección”. Apenas apreciable si no se conoce su ubicación, medio escondida e inevitablemente desconocida para el visitante, se haya la tumba de Gian Lorenzo Bernini.

Ironía del destino que uno de los más grandes arquitectos y escultores de la historia de Roma, yazca bajo el pobre recuerdo de una simple losa de mármol. Podría dedicar varias páginas únicamente dedicadas a esta visita, pero todavía nos quedaba tanto por ver en Roma…

Fontanas, eternas fontanas

Emprendimos un nuevo itinerario, partiríamos esta vez desde la Piazza Barberini y su fuente del Tritón. Pero antes, no podíamos ignorar la espectacular Fontana dell’Acqua Felice o fuente del Moisés, muy cercana a la plaza.

La plaza Barberini, llamada así por haber sido construida bajo la protección del cardenal Francesco Barberini en 1625, y su fuente del Tritón, obra del maestro Gian Lorenzo Bernini

Continuando con el paseo a pie, pues esa es la mejor forma de conocer Roma,  nos dirigimos a la masivamente visitada Fontana de Trevi, aunque la mayor parte del diseño es obra del arquitecto Nicola Salvi, una pequeña parte de la estructura y diseño se lo debemos, nuevamente, al maestro Bernini.

Como sabéis, la leyenda sostiene que los visitantes que arrojan una moneda a la fuente aseguran su regreso a Roma. No es que sea demasiado crédula ante tales leyendas o alegorías pero  nunca está de más seguir la tradición, pues la recompensa, de ser cierta, valía la pena.

Necio es quien admira otras ciudades sin haber visto Roma” Francesco Petrarca.

En Roma todo son contrastes, lo que un día fue un templo romano, construido en  el año 27 a.c por el general Marco Vipsanio Agripa, fue reconvertido, tras un gran incendio que lo dejó en ruinas, en un Panteón( en griego “templo de todos los dioses”) por orden del emperador Adriano y siglos más tarde este se convirtió en la sepultura del rey Víctor Manuel II, de su hijo Humberto I (también rey de Italia) y su esposa Margarita, que reposan en las capillas laterales del templo.

Panteón de Agripa
El impresionante techo del templo
Tumba del rey Victor Manuel

De nuevo en Roma, confluyen diferentes momentos de la historia, el paganismo y el culto cristiano, pues el Panteón fue el único edificio de la época imperialista que se salvó de la destrucción a principios de la Edad Media, porque el emperador bizantino Focas lo donó al papa Bonifacio IV en el año 608 quien lo transformó en iglesia cristiana.

Por supuesto en el Panteón también nos topamos con los restos de la fusión mantenida con el antiguo Egipto durante siglos. Entre otros detalles, por ejemplo, encontramos que el fuste de las columnas de la fachada esta hecho de granito gris y  rojo, provenientes de las canteras de Egipto. Y tras la salida del templo nos esperaba otra gran obra, la Piazza de la Rotonda, en la que se sitúa la conocida Fontana del delfín que, como muchas otras plazas y fuentes en Roma, se encuentra coronada con su correspondiente obelisco egipcio.

Fontana del delfín

No tuvimos que andar mucho para toparnos con otra maravilla romana, basándonos en el escueto mapa del que disponíamos, en pocos minutos llegamos  a la gran Piazza Navona ( que pese a su denominación y a lo que se puede esperar no tiene forma circular sino rectangular). Su forma es debida a  que la plaza se levanta sobre el que fue el Stadium de Domiciano, construido en el año 85 y restaurado en época del emperador Alejandro Severo en el siglo III, donde los romanos acudían a ver los agones (juegos). El estadio se conocía como Circus Agonalis y se cree que con el tiempo el nombre cambió de in agone a navone y más tarde a navona. El estadio tenía 276 metros de largo por 106 de ancho y podía albergar hasta 30.000 espectadores. Aún se conservan algunos restos de la antigua estructura al norte de la plaza. El estadio albergaba los juegos atléticos griegos que junto con los musicales y ecuestres formaban el Certamen Capitolinum en honor al dios Júpiter.

Imagen del Estadio en la  antigüedad
Bajo la plaza, pueden ser visitados los restos del gran Estadio
Fuente delos Cuatro Ríos
Fuente del Moro

Cruzando el Tíber

Para llegar hasta la siguiente cita, debíamos atravesar el río. Ese inmenso y eterno testigo de inundaciones y conjuras varias, donde más de uno acabó sus días entre sus aguas. El mismo rio era considerado una divinidad durante la antigüedad , en él se personificada el Pater Tiberinus, cuya festividad se celebraba todos los años el 8 de diciembre, coincidiendo  con el aniversario de la fundación del templo dedicado en su honor en la isla Tiberina.

Palacio de Justicia de Roma

El Castillo de Sant Angelo

Había leído tanto sobre aquella fortaleza, tantos libros de historia, noveladas cargadas de intrigas y misterios cuyo protagonista había sido siempre aquel castillo…

   Hemos de retrotraernos nuevamente a la época imperial para conocer sus orígenes. Su construcción fue Iniciada por el emperador Adriano en el año 135 para ser su mausoleo personal y familiar, pero tras su muerte fue finalmente  terminado por el emperador Antonino Pío en el año 139. El monumento, levantado con piedra de travertino, (piedra que en Roma se encuentra en casi cada monumento) estaba en ese momento engalanado en su cima por una cuadriga en bronce guiada por el emperador Adriano. El edificio cambió de uso muy pronto y se convirtió en un edificio militar que se integró a la Muralla Aureliana en el 403.

El actual nombre del castillo data del año 590, durante una gran epidemia de peste que golpeó la ciudad de Roma, el Papa de la época, Gregorio I, vio al Arcángel San Miguel sobre la cima del castillo envainando su espada e interpretó que se trataba del fin de la epidemia. Para conmemorar la aparición, se erigió la estatua de un ángel coronando el edificio.

La fortaleza ha sufrido numerosos ataques desde su construcción, como la de los visigodos del rey Alarico en el año 410 o los saqueos y desperfectos de los ostrogodos del Rey Vitiges. También, ya en época mas moderna, las tropas napoleónicas intentaron hacerse con la ciudad tomando a Sant Angelo como cuartel militar.

Antes de ello ya le habían dado diferentes usos, tales como prisión inquisitorial o residencia Papal.

Un dato curioso de la construcción y que se ha convertido para mí en un detalle incluso cómico o anecdótico es que,  junto a Sant Angelo, y conectado directamente con San Pedro el Vaticano (a menos de un km del lugar) se alza un muro de catorce metros de alto y ochocientos de largo construido por orden del Papa Nicolás II, que sin duda se convirtió en una pieza vital y un salvoconducto para otros Papas…

El Passetto di Borgo, como así es conocido, extraoficialmente también llamado pasadizo secreto, a pesar de encontrarse a la vista de todos, resultó ser todo un baluarte para varios Pontífices.  El papa Alejandro VI (el Papa Borgia) lo tuvo que atravesar cuando Carlos VIII de Francia invadió la ciudad con treinta mil hombres en agosto de 1494. Y el papa Clemente VII, enfrentado a Carlos I de España, escapó hacia la seguridad del Castillo Sant Angelo a través de este pasaje, cuando las tropas del monarca saquearon Roma el 6 de mayo de 1527.

Debo reconocerlo, la situación en ese momento me resultó cómica, y es que en mi mente se reprodujo la imagen de esos Papas en su huida imperiosa, sotana en mano y gritando despavoridos que se abrieran las puertas de Sant Angelo…

El passeto

Finalmente atravesamos el puente de Sant Angelo para volver a nuestro hotel. A pesar de haber andado durante todo el día, apenas notábamos el cansancio y es que , como dijo Publio Ovidio “ Leve fit, quod bene fertur, onus” (Se hace ligera la carga que se sabe soportar)

Puente de Sant Angelo , con las decenas de palomas que lo sobrevuelan  cada día

La Roma Imperial

 Para esta visita íbamos a necesitar todo un día.

El área donde se concentran los templos y monumentos construidos en la época imperial es abrumadora, impactante y majestuosa. El primero de ellos, el que nos recibe y acoge, es el gran Colliseum . Su nombre, pese a lo que mucha gente cree, no es debido a su tamaño,  se debe a una gran estatua que se encontraba cerca del lugar conocida como el Coloso de Nerón, lamentablemente,  esta no ha llegado hasta nuestros días.

Aunque la construcción inicial se produjo en el año 29 a. C. por el cónsul romano Estatilio Tauro y como un anfiteatro en el Campo de Marte, el edificio quedó destruido en el gran incendio de Roma del año 64, surgiendo la necesidad de un nuevo anfiteatro para la urbe romana,tiempo después el emperador Vespasiano, en el año 72 d. C, erigió el famoso Colisseum.

Tras dejar atrás la gran Via Cavour y tomar la pequeña Via Degli Annibaldi, se muestra majestuoso el colosal anfiteatro, presidiendo todavía erguido, el inmenso dominio de los mas grandes emperadores.

En honor a la verdad, tengo que reconocer que me impresionó más la parte exterior del Coliseo que la interior. Tal vez porque aquel lugar había sido el tácito protagonista de demasiadas atrocidades llevadas a cabo por el hombre. Reconozco que no me sentí bien en aquel lugar. Como si el dolor que  tantos allí padecieron, hubiera quedado impregnado entre sus muros…

El interior del Coliseo

A la salida, nos esperaba algo totalmente distinto, algo con lo que había soñado en más de una ocasión. El Foro y el Palatino.

Las colas para visitar ambos lugares, que se encuentran en el mismo recinto, son de nuevo interminables, como en la entrada de todos los templos y monumentos en Roma.

Cuando al fin traspasamos el último control de seguridad y entramos en la gran explanada donde se ubican tanto el Foro, en la parte más baja, como el Palatino en la parte superior, de nuevo la emoción me provocó inmediatamente la sensación de encontrarme dentro de una auténtica máquina del tiempo.

   Decidimos comenzar la visita por el Palatino, otra de las siete grandes colinas de Roma.  Mientras remontábamos la enarbolada cuesta hasta la parte más alta del monte, fui consciente de que estaba recorriendo uno de los lugares más antiguos de toda Roma, y es que algunos de los yacimientos que allí se encuentran datan del año 1000 a.c. La tradición cuenta que allí tuvo lugar la fundación de Roma y donde Rómulo fijó su residencia. Tras ello y durante el Imperio romano, el Palatino fue la residencia oficial de los emperadores de Roma, que tenían su propio palacio en la colina. De hecho, el origen etimológico de la palabra ‘palacio’ en muchos idiomas ( como palazzo en italiano, palace en inglés o palais en francés) se encuentra en el monte Palatino, de donde deriva vía el latín, palatium.

   Según la mitología romana, el Palatino era el lugar donde estaba la cueva conocida como  el Lupercal, en la que fueron encontrados Rómulo y Remo y que era el hogar de Luperca, la loba que los amamantó. Según esta leyenda, el pastor Fáustulo encontró a los niños, y con su esposa Aca Larentia los crió. Cuando ellos crecieron, mataron a su tío abuelo, que había quitado el trono a su abuelo, y ambos decidieron erigir una nueva ciudad a orillas del río Tíber. Tiempo después, tuvieron una fuerte discusión, se enfrentaron y al final Rómulo mató a Remo. Tras ello se arrepintió y a su nueva ciudad la llamaría Roma en memoria de su hermano Remo.

Ya en época imperial, en el año 32 a.c, el emperador Augusto transformó el Palatino en residencia exclusiva de los emperadores romanos.

Permanecimos en el Palatino cerca de una hora, es una zona muy bonita en la que puedes pasear tranquilamente. Es habitual encontrar grupos de arqueólogos y especialistas en el lugar, todavía quedan varias zonas sin escavar, como la zona de los jardines Farnesio y la capilla de San Sebastián y es que al igual que el Foro, es totalmente un museo al aire libre.

Excavaciones constantes en el Palatino

Descendiendo de la colina llegamos al Foro. Toda la zona es impresionante,  Decenas de Templos y varios arcos mantienen todavía la esencia de la belleza que ostentaron hace más de dos milenios. Nos encontrábamos en la zona central de la antigua Roma, siglos atrás allí se concentraban toda suerte de instituciones de gobierno, mercado y religión. Y yo no podía mas que sentirme empequeñecida ante tal fascinante visión.

   A pesar del gran número de construcciones que se concentran en el Foro, sabía que no me sería difícil encontrarlo, La forma circular de su construcción lo delataba. También sabía que no se había conservado gran parte de él, y que probablemente me encontraría únicamente con los vestigios de lo que un día fue uno de los templos más antiguos del Imperio Romano.

El templo había sido construido por el segundo rey de Roma, Numo Pompilio (hijo de Rómulo), cuando la ciudad no era todavía ni república ni imperio, sino monarquía. Sin una fecha precisa que poder asegurar, orientativamente, tal vez fue erigido hacia el 690 a.c..

Lo realmente fascinante del templo para mí, eran sus moradoras. Si, se trataba de mujeres, de las únicas sacerdotisas que existieron en todo el Imperio Romano. Aquellas que cuidaban y protegían el fuego sagrado, el fuego del hogar.

Aquellas que no podían ser tocadas por nadie, apenas miradas. Aquellas que poseían el poder de perdonar a un condenado a muerte si en su mismo camino se cruzaban con él. Pero también aquellas que fueron prisioneras desde los seis años de edad, ofrecidas sin su consentimiento por sus propias familias, apartadas de la vida mundana y la sociedad, para dedicar sus días al culto de una Diosa, que les exigía lealtad durante treinta largos años. Aquellas no eran otras, que las Vírgenes Vestales.

Caminando por el Foro
Columnas de la Rostra, la tribuna desde donde los políticos daban sus discursos a los ciudadanos romanos

Con la visita al Coliseo, al Foro y al Palatino, dimos por finalizado el día, aunque todo aquel que ha visitado Roma sabe que cuando menos lo esperas y al doblar cualquier esquina puedes toparte con otra maravilla, tal y como nos sucedió a nosotros al encontrarnos sin previo aviso con las Termas de Diocleciano…

Ciudad del Vaticano

   Emergía un nuevo día y una nueva visita. De nuevo necesitaríamos toda una jornada para ello. Atravesamos el Tiber cruzando de nuevo el puente de Sant Angelo. El trayecto no era complicado, solo debíamos tomar la Via della Conciliazione y tras escasos quinientos metros, aparecería la espectacular Plaza de San Pedro ,

Y os puedo asegurar, más allá de lo credos, dogmas o religiones de cada uno, que ese momento impresiona de manera indescriptible.

Via della Conciliazione
Vista desde el aire de la Plaza de San Pedro. Al fondo la Vía de La Conciliazione, que también conecta con el Castillo de Sant Angelo

La monumental plaza que se encuentra rodeada de columnatas en forma elíptica, da la sensación de abrirse y abrazar al peregrino en su entrada al pequeño país del Vaticano. De nuevo encontramos la firma del maestro Bernini en ella, pues su diseño actual se lo debemos a él, que como dijo  “Siendo la iglesia de San Pedro, la matriz de todas las iglesias, debía tener un pórtico que demostrase materialmente como recibir con los brazos abiertos a los católicos.

El gran obelisco

Al igual que yo, supongo que mucha gente se habrá preguntado alguna vez como es posible que en el centro de la sede mundial del Cristianismo, se alce este pétreo monumento egipcio de culto pagano. Antes de que se trasladara a la plaza de San Pedro, el obelisco se encontraba en medio del Circo Maximo.

Aunque costó mucho establecer el origen del obelisco, dado de que carece de jeroglíficos, ahora sabemos que fue el emperador Calígula, quién lo trajo desde Alejandría para que fuera colocado en el Circo Maximo y dedicarlo al dios sol y en honor a sus antecesores Augusto y Tiberio.

Ya sería en 1585 cuando el Papa Sixto V, encomendó al arquitecto italiano Domenico Fontana que trasladase el obelisco hasta la nueva plaza de San Pedro proyectada por Bernini. La esfera que coronaba el obelisco, y que alimentaba la idea de que parte de las cenizas de Julio César se encontraban allí (algo desmentido ya) se reemplazó por una gran cruz de bronce.

Ni que decir tiene que la plaza, pese a que eran sólo las nueve de la mañana, se encontraba abarrotada de fieles y visitantes. Es una imagen realmente hermosa encontrar tal cantidad de gente de tantos y diferentes países allí congregados, la cola para visitar el interior de la Basílica prácticamente bordeaba la plaza, por ello decidimos visitar primero los museos Vaticanos, con la esperanza de no encontrarnos allí con tanta gente esperando entrar.

Detrás de la monumental plaza, siguiendo la Viale Vaticano y a pocos minutos andando, se accede a las grandes colecciones que guardan los museos vaticanos.

Sabía que las colecciones allí albergadas eran ingentes, pero no era consciente de la magnitud de las diferentes salas y objetos que iba a descubrir.

El tamaño y altura de las salas es abrumador. La primera parte que visitamos fue el Museo Egipcio Gregoriano que fue fundado por el Papa Gregorio XVI en el año 1839. La colección es amplia pues  está constituida por antigüedades egipcias que fueron adquiridas por los papas desde finales del siglo XVIII, además de estatuas halladas en Roma y alrededores, traídas de Egipto en época romana.

Amenhotep II
El museo recoge una enorme colección de Usheptis

Que sería de un museo egipcio si no albergase a su correspondiente momia
El Dios Egipcio Bes

Ya de por sí, este primer museo contiene diferentes salas, y empleamos un buen rato en verlo al completo, mi sorpresa fue descubrir que tras él, nos esperaban más de una decenas de estancias, capillas y apartamentos todavía por visitar.

La visión ante tal magnitud de obras, de nuevo es indescriptible para mí.

La representación egipcia se encuentra en casi cada sala

No podía fijar mi vista en una sola obra, todas eran tan majestuosas, que sentí no estar dedicándoles a cada una el tiempo que merecían.

Durante toda la visita y conforme traspasábamos diferentes estancias, un pequeño cartel anunciador nos avisaba constantemente de la dirección a tomar para visitar la notoria y famosa Capilla Sixtina, que debo reconocer no era algo que a mí personalmente me entusiasmara ver. Quizá por ser una obra encumbrada desde hacía tantos siglos o por haber sido tan mediatizada, la Capilla Sixtina no ejercía sobre mí las altas expectativas que si en cambio me habían causado diferentes obras en Roma.

De todas formas, el itinerario que marca el museo finaliza en la sala donde se expone, así que tres horas después de nuestra entrada al museo, llegamos a la Sala Regia, que precede a la estancia donde se encuentra la obra del maestro renacentista Miguel Angel Buonarroti.

Pero lo cierto es que, debo admitir,  la Capilla es excepcional y no deja impávido a nadie, aunque las dimensiones que posee no eran las esperadas en mi caso, pues la imaginaba con mayor longitud (mide algo más de trece metros de ancho por cuarenta de largo) la obra es de una belleza increíble, mucha gente, aquellos afortunados que lo logran, se sientan en alguno de los bancos laterales que la sala ha dispuesto para observar con más detenimiento las sublimes y delicadas pinturas del techo. La lástima es que no se permiten realizar fotos, ni permanecer de pie durante mucho tiempo, algo comprensible, debido al gran número de visitantes del museo que quieren ver la Capilla.

Tras dejar atrás la Capilla, regresamos a la zona central de los museos para continuar viendo el resto , como la Pinacoteca, el museo Missionario etnológico, el Pío Cristiano o el filatélico…En una sola visita es totalmente imposible admirar tantas obras, amén de que el museo solo está abierto hasta las 16:00 h.

Así, con la sensación de que necesitaríamos otra visita para poder digerir todo lo que habíamos visto aquel día, abandonamos definitivamente los Museos Vaticanos descendiendo la hermosa e infinita escalera en espiral, obra del arquitecto Donato d’Angelo Bramante en el siglo XVI.

Vacaciones en Roma

Al igual que en la mítica ( y para mi eterna y maravillosa) película de Audrey Hepburn “Vacaciones en Roma” , aquel, que iba a ser nuestro último día en la milenaria ciudad, no podía dejar de tener como protagonista a la gran Plaza de España.

Encontrarnos con la Vespa original que se utilizó en la película “Vacaciones en Roma” expuesta en el hall del hotel , fue toda una señal del destino.
La Piazza vista desde la parte más alta
¿Quién de vosotros no ha visto alguna vez esta imagen? Yo personalmente unas cuantas decenas…
El obelisco Salustiano u obelisco de la Trinità dei Monti en lo alto de la escalinata de la Piazza

Como curiosidad sobre el obelisco que se alza en la parte más alta de la plaza hay que indicar que, aunque el obelisco es totalmente egipcio y se conoce su origen (lo más probable es que fuera tallado en Asuan), llegó hasta Roma careciendo de jeroglíficos. Por ello, los romanos para darle ese espíritu egipcio que tanto les gustaba, cincelaron ellos mismos los signos copiándolos directamente del obelisco de Flaminio, La anécdota es que como el cantero romano que lo hizo ignoraba su significado, esculpió algunos de ellos al revés.

Roma no deja de sorprenderte, puedes encontrar una iglesia del siglo XVI junto a las ruinas de una casa romana del siglo II a.c, una fuente esculpida por Gian Lorenzo Bernini y una de las tiendas exclusivas de Bvlgari en la misma calle, y aun así al doblar la esquina, una nueva obra volverá a asombrarte.

Tras bajar la gran escalinata de Piazza España, nos esperaba imperdurable en el tiempo la  excelsa Fontana de la Barcaccia.

 

Fue Construida en 1629 por Pietro Bernini ( padre de Gian Lorenzo) junto a la colaboración de su hijo, en ese momento aprendiz. Quién imaginaría que sólo unos años después, el joven y neófito escultor superaría con creces a su maestro…

Ascendidos los ciento treinta y cinco peldaños de la escalinata de Piazza España, decidimos visitar Villa Medici y los jardines de Villa Borguese que se encontraban muy cerca. En Roma es difícil gestionar el tiempo y debes tomar decisiones rápidamente si quieres aprovechar el día.

Los jardines de Villa Borghese son los terceros más grandes de Roma, además de poseer la gran colección que alberga la Galería Borguese, los jardines cuentan con decenas de estatuas, fuentes e incluso un lago. Muchos, salvaguardando las distancias, ven  en él similitudes con el parque de el Retiro de Madrid, aunque lo cierto es que en cuanto a tamaño, el Retiro es algo mayor.

Después del paseo por los hermosos jardines, aprovechamos el lugar donde estábamos para conocer mejor El Pincio. El monte, en la época republicana e imperialista, ( y lo sigue siendo en la actualidad) fue elegido por muchas familias adineradas para establecer allí sus residencias. Es un lugar donde las vistas son realmente espectaculares.

Desde el Pincio
Piazza Dill Popolo vista desde el Pincio

Descendimos las escaleras de piedra que separan el monte con la Piazza Dill Popolo para verla mejor. La plaza, como iba siendo habitual en Roma, tiene una marcada esencia egipcia.

En esta enorme plaza encontramos el famoso obelisco Flaminio, del que se copiaron los jeroglificos que se cincelaron en el obelisco Salustiano, en la parte alta de la Piazza España. Además de esta figura claramente representativa de la civilización egipcia, la plaza se encuentra rodeada de esfinges, algo que la hace aún más bella.

 

 

El Mausoleo del primer emperador

No estaba demasiado lejos, a unos minutos de la Piazza del Popolo, nos esperaba la última morada del gran emperador Octavio Augusto. Además de él, allí se encuentran enterrados todos los miembros de la dinastía Julio-Claudia.

Cuenta la leyenda que Octavio en el año 29 a.c y tras visitar la tumba de Alejandro Magno en Alejandría, sintiendo tanta admiración a la figura del joven conquistador, quiso emularlo construyendo su mausoleo a semejanza del suyo, manteniendo la misma forma circular. Pero Octavio no fue el primer morador de la tumba, el primero en ser enterrado allí fue su sobrino Marco Claudio Marcelo, que falleció repentinamente a la edad de 19 años. El segundo en ser sepultado, sería el constructor del Panteón, Marco Vipsanio Agripa. Le seguirían demás miembros de la familia como Druso, Lucio César, Cayo César y  Livia, esposa de Augusto. Tras Augusto , los restos de Tiberio también descansaron en él, siendo Marco Coceyo Nerva  el último morador del mausoleo.

La zona se encuentra desde el año 2016 en rehabilitación. Todavía no se puede acceder al interior, y será abierta al público a partir del mes de abril ( otro gran motivo para regresar a Roma). Pero al menos en los alrededores del mausoleo, se ha habilitado una zona interactiva donde hay paneles didácticos sobre la historia del monumento y  se puede acceder a información de la época y conocer mejor como era el mundo de Octavio.

 

Por el momento, esto es lo único visible del Mausoleo

Frente al mausoleo se encuentra el Ara Pacis (Altar de la paz) de Augusto, el altar dedicado a la diosa romana Pax, que se erigió para celebrar las victoriosas campañas de Augusto en la Galia e Hispania y la paz por él impuesta a su retorno triunfal.

 

 

La cercanía del adiós

Cuanto más se aproximaba el momento de abandonar Roma, más deseos sentía de volver. Creo que todos los visitantes de Roma tienen esa misma sensación.

De todas formas aún nos quedaban algunas horas antes de tomar el vuelo de regreso, así que, aprovechamos ese tiempo al máximo y regresamos andando al hotel.

Atravesamos la hermosa Piazza Venezzia,  donde además se encuentra  el monumento al rey  Víctor Manuel II.

 

La tumba del soldado desconocido, el lugar en el que brilla la llama eterna.

Nadie puede marcharse de Roma sin haber comido antes en una verdadera Trattoria italiana.

Y así lo hicimos nosotros cenando la noche de San Valentín, en el pequeño y muy concurrido(Cuando hablo de pequeño, soy bastante generosa, pues apenas tiene cinco mesas) Restaurante La Forchetta D´oro. Ni que decir tiene que la comida, además de ser puramente italiana, es excelente

Muchos clientes, durante años, han dejado como recuerdo en las paredes del restaurante frases de agradecimiento al dueño junto a billetes de diferentes nacionalidades. He aquí, una muestra más de que Egipto, está presente en toda Roma.

Volveremos

Nos despedimos de Roma casi de la misma forma en que la descubrimos, frente a la fachada de la Basílica de Santa María La Mayor.

Nos sentamos durante unos minutos en los pequeños escalones que hay junto a la columna de Majencio, frente a la fachada. Todavía no había encontrado el momento, y creo que fue allí, en ese instante, donde me detuve a pensar y a valorar finalmente el maravilloso viaje que había vivido.

   Atrás quedarían muchas cosas por ver, decenas de paseos postergados, infinidad de calles por recorrer… Y porque no, algún que otro capuccino en el icónico Caffè Greco, en plena Via Condotti, donde artistas e intelectuales como  Goethe , Byron, o  Keats . se reunieron para tomar  café desde 1760, (año en el que fue inagurado. ) O tal vez vivir una pequeña Dolce Vita caminando por la Via Veneto…

Arrivederci Roma

Deseo, no una, sino mil veces poder despedirme de Roma. Me avisaron, antes de emprender el viaje, de que terminaría odiando o amando Roma, pues no existía el término medio cuando se trataba de ella. Por medio de mis palabras ya podéis dilucidar cuál ha sido el resultado,  todavía no sé si me llevo a Roma en el corazón o un pedazo de mi corazón se ha quedado en Roma. En cualquier caso y sea como fuere, irremediablemente ya formo parte de ella.

                                     Carolina García Alvarado

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