La Tiara de Saitafernes

En 1894 los hermanos Shepel y Leiva Gohman, soberbios estafadores internacionales, idean un plan perfecto. Contactan con un brillante orfebre ruso llamado Israel Don Ber-Rouchomovsky.

Le encargan elaborar una tiara, explicándole que era para realizar un regalo a un amigo arqueólogo. Se trataba de una tiara de oro real con forma cónica decorada con escenas de la Iliada de Homero y escenas de la vida cotidiana de los escitas. Esta tiara pertenecería al rey escita Saitafernes y en ella se podría ver un hecho que tuvo lugar a finales del siglo III a. C. cuando las tropas escitas del rey habían asediado la colonia griega de Olbia en el mar negro y solo acepto retirarse mediante la entrega de valiosos regalos, entre ellos la tiara.

Al principio, el orfebre se muestra un poco reacio a realizar el trabajo pero al final accede y acepta el encargo. Para realizar la tiara facilitaron a Rouchomovsky todo tipo de fuentes iconográficas, detalles de excavaciones, libros con dibujos de viejos hallazgos y textos, entre todo el material facilitado destacan:

– Escenas escitas de “Russkie Drevnosti y Pamjatnikax Iskusstva” de Tolstoi y Kondakov.
– Escenas griegas de “Bilderatlas zur Weltgeschichte” de Ludwig Weisser.

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Israel Dov Ber-Rouchomosvsky (Mozyr 1860 – Paris 1934)

Una vez finalizada la tiara y pagado al orfebre por su trabajo, se dirigen a Paris. Allí se ponen en contacto con el gran museo del Louvre y les muestran la tiara. A modo de estratagema, les cuentan que, casualmente, van camino del museo Británico para venderles su tiara greco-escita. La jugada les salió perfecta porque en poco tiempo el museo dio su consentimiento para adquirirla.

El 1 de Abril de 1896, el Louvre anunciaba la compra de la tiara de oro por 200000 francos, calificando al tesoro como perteneciente al rey Saitafernes y donde aún se podía leer la inscripción en griego “El Consejo y los ciudadanos de Olbia honran al gran e invencible Rey Saitafernes”.

No paso mucho tiempo, desde que se expusiera al publico, cuando empezaron a manifestarse discrepancias sobre su autenticidad. Entre las personas que la calificaban como falsificación se encontraba el arqueólogo alemán Rudolf Furtwangler, conservador del museo de Munich. Entre los argumentos de éste figuraban problemas de estilo en los grabados y diseños e incluso la aparente falta de envejecimiento, sin embargo, el Museo del Louvre se mantuvo firme defendiendo la autenticidad de la tiara.

El rumor de que pudiera ser una falsificación también saltó a la prensa parisina pero ello no hizo más que aumentar el número de visitantes, de hecho la sala donde se exhibía paso de estar prácticamente vacía a recibir a recibir más de 30000 visitantes en sólo tres días.

Aunque el Louvre trató por distintas instancias de desmentir la falsedad, no tardó mucho en difundirse la noticia por todo el mundo y la prensa se hizo eco durante meses. La noticia de la supuesta falsificación originó hasta una canción infantil, se crearon historietas de humor e incluso apareció un artista de Montmartre quien se adjudicó la autoría de la falsificación
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En el texto se puede leer a modo de burla y con faltas de ortografía intencionadas el siguiente texto:

No, entre mis antigüedades,
Yo no tengo nada que valga la tiara!
Es en oro y luego es muy rara
Gracias a su autenticidad!

La noticia de la falsificación de la tiara llegó hasta Odesa (Rusia) donde vivía Rouchomovsky. El orfebre no salía de su asombro al leerla por lo que tomó la determinación de viajar a París presentándose en el Louvre como creador de la tiara. Sin embargo, una vez allí y habiendo expuesto sus argumentos, los expertos del Louvre no le creyeron. No obstante, el orfebre se comprometió a reproducir de un modo exacto un fragmento de la misma.

Después de esta prueba demoledora, ya no quedaban dudas, era falsa, el fragmento reproducido por el orfebre presentaba los mismos golpes que la tiara, golpes que sólo se apreciaban en las partes planas y no trabajadas, lo que demostraba que eran golpes intencionados y regulares realizados para aparentar el paso de cientos de años.

Los responsables del Louvre avergonzados ante la estafa de la que habían sido víctimas, ocultaron la tiara en el depósito del Museo y nadie nunca intento localizar a los estafadores.

Rouchomovsky, en parte gracias a este golpe de suerte, se hizo famoso llegando a ganar una medalla de oro en el Salón de las Artes Decorativas de París, donde fijo su residencia y vivió hasta su muerte. En el año 1928 publicó sus memorias: Mi vida y mi trabajo. En este libro describía su infancia con simpatía y humor pese a vivirla en la más absoluta miseria.

Posteriormente, la tiara de Saitafernes fue solicitada en dos ocasiones, una en 1997 por el Museo de Israel para una exposición sobre Rouchomovsky y otra en 2009 por el Museo Superior de Arte de Atlanta.

 

Raquel Rodríguez Juan.

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