Venus Bonaparte

   Napoleone di Buonaparte, tal era su nombre de nacimiento, vino al mundo en 1769 en Córcega, tan sólo un año después de que Francia comprara la isla a la republica de Génova. Como ya sabemos, más tarde afrancesaría su nombre eliminando la e final con  lo que se pretendía, según le habían recomendado, disociar su persona con el pasado italiano de la isla.

   De noble familia, Napoleón tuvo siete hermanos, siendo él, el segundo después de José( conocido en España como el rey Pepe Botella) que nació sólo un año antes.

   El general tuvo siempre una buena relación con todos sus hermanos, de hecho fue muy generoso con ellos y colmó siempre a toda su familia con cargos, patrimonios y diversas propiedades.

   Pero sin duda, a la que más protegió, cuidó y distinguió en cada momento de su vida fue a la pequeña Pauline.

   Tal vez la diferencia de edad que existía entre ellos ( Pauline nació en 1780) hizo que Napoleón la sobreprotegiera de una forma un tanto desmesurada. De hecho, y durante los días que siguieron a su muerte, cuando el general escribió el Memorial de Santa Elena llegó a decir sobre ella que era la mujer más hermosa de su tiempo y que lo sería hasta el fin de sus días, siendo además la criatura más extraordinaria del mundo.

Y con ella llegó el escándalo…

   Deshinibida y provocadora al mismo tiempo que seductora y exuberante, no tardó mucho en darse a conocer en medio de la liberal y sofisticada corte francesa. Amparada por el cargo de su hermano y su enorme devoción hacia ella, Pauline disfrtutó algún tiempo yendo de fiesta en fiesta, manteniendo relaciones íntimas con diferentes hombres y rechazando propuestas de matrimonio por doquier.

   Así que Napoleón con la paciencia más que colmada, y  harto de las habladurías en Paris, decide que Paulina ha de tomar un esposo. Aprovecha el hecho de que unos meses atrás, había sorprendido a su hermana en su propio despacho junto a un general llamado Charles-Victoire-Emmanuel Leclerc, para que sea ese el futuro marido de Pauline. Era un buen enlace, la diferencia de edad entre ambos no era muy grande, Leclerc sólo era ocho años mayor que ella y además tenía, al igual que Napoleón, una brillante carrera militar y con tan sólo veinticuatro años había logrado alcanzar el grado de general de brigada. Y al parecer estaba totalmente enamorado de Pauline.

Charles-Victoire-Emmanuel Leclerc por François Kinson en 1789, actualmente en el palacio de Versalles

  Así que, unos meses antes de que Napoleón emprenda su campaña en Egipto, el general Leclerc y Pauline celebran su enlace el 14 de Junio de 1797. Poco más de un año después, en la ciudad de Milán,  Paulina será madre por primera y única vez en su vida. El 20 de abril de 1798 llegó al mundo  Dermide Louis Napoleón Leclerc. El nacimiento de Dermide fue difícil, y sus efectos serían visibles en la salud de Pauline durante muchos años. Fue bautizado con el nombre de Dermide Louis Napoléon en alusión a un personaje de los poemas épicos gaélicos de Ossian, a petición de su tío, el general Napoleón, que admiraba mucho las obras de Ossian.

En 1791, la Revolución haitiana había comenzado en Saint-Dominique  (actual Haití ), que había sido una colonia francesa desde 1697. Deseando restaurar la autoridad francesa en la isla, Napoleón organizó la expedición de Saint-Dominique, colocando a Leclerc a cargo y otorgándole el título de Gobernador General de Saint-Domingue. En consecuencia, el 14 de diciembre de 1801, Leclerc se embarcó en el buque insignia L’Océan en Brest con su esposa y su hijo, y navegó hasta Saint-Domingue, alcanzado su costa el 28 de enero de 1802.

   En principio, Paulina se niega en redondo a acompañar a su marido, llegando a ser embarcada por la fuerza, así que ella como desagravio a esta situación y  queriendo provocar a la tripulación, más de una noche durmió totalmente desnuda sobre una vela doblada en cubierta

   Pero tristemente solo diez meses después de encontrarse en la isla, el general Leclerc contrae unas fiebres y enferma gravemente. Fallece finalmente en Noviembre de ese mismo año.

 

   Regreso a Paris

   Paulina no deseaba quedarse en Saint-Dominique durante más tiempo y rápidamente junto a su hijo, abandonó la isla para regresar a Paris e instalarse en el  castillo de Montgobert, propiedad de la familia de su difunto marido. Se dice que por aquel tiempo Pauline parecía otra persona, era una abnegada madre que sólo vivía pendiente del cuidado de su hijo. Pese a que la joven no había dado nunca muestras de sentir un especial afecto por el general, al recibir la noticia de su fallecimiento se mostró profundamente abatida hasta tal punto que, según cuentan las crónicas, volvió a Francia abrazada al féretro de su marido, alojado en la bodega del barco. ​ Aunque Napoleón, temía que su comportamiento pasado retomara sus días y su hermana pequeña volviera a protagonizar un escándalo tras otro. Y su temor era totalmente fundado, bastaron un par de meses para que Pauline  recuperará su vida cargada de inmoralidades y excesos que la convertían en la comidilla de la alta sociedad de entonces «No nací para usar cinturón de castidad ni tampoco para viuda inconsolable» se justificaba continuamente.

   De nuevo había que tomar una decisión, pensó Napoleón Pauline debía volver a casarse.

   Y había un candidato, Camilo Borghese, que, además de pertenecer a la prestigiosa familia Borguese, era príncipe de Sulmona, Rossano y Guastalla. Era un  matrimonio, sin duda, muy conveniente. De esta forma, el 28 de Agosto de 1803, Pauline se casa por segunda vez con el honesto, pero extremadamente exiguo en cuanto a carácter refiere, príncipe italiano.

Camilo Borguese, óleo de François Gerard, principios del siglo diecinueve, actualmente en Casa Museo de  Henry Clay Frick   en Manhattan

      Los primeros meses del matrimonio transcurren de manera favorable para Paulina, que, como princesa consorte, disfruta de una pensión anual de 70 000 francos y dispone de todos los lujos a su alcance.

La fatalidad hace que el único hijo de Pauline enferme y muera en 1804, no hay duda de que para una madre la pérdida de una hijo a tan tierna edad, Dermide solo tenía seis años, es un dolor que jamás se supera, pero no afectó quizá tanto a la joven Pauline, que parecía disfrutar de su nueva posición junto a su rico marido decidiendo  establecer de inmediato su nueva residencia en la ciudad eterna.

   Roma

      Los recién casados se instalan en el palacio Borguese en pleno centro de la ciudad de Roma.

    Camilo amaba a Pauline de forma entregada y desprendida, le consentía todos sus caprichos y deseos, que iban desde las joyas más valiosas hasta los amantes más jóvenes y bellos de la ciudad.  Él era consciente de todas las relaciones que mantenía su atractiva esposa, sabía que era un precio que debía de pagar al haberse casado con la hermana de Napoleón Bonaparte. Pero no parecía, o al menos eso daba a entender, que aquello lo turbara en demasía. Ni siquiera el hecho de que no haber tenido descendencia parecía preocuparle. Estaba orgulloso, estaba casado con la excepcional y hermosa Bonaparte

Las continuas provocaciones llegan también a sus ardientes hábitos domésticos. Según la rumorología de la época, solía ayudarla a bañarse un criado negro llamado Paul. Cuando alguien le hizo observar que no era la persona más adecuada para ello, Paulina replicó que un negro no era un hombre…; no obstante, parece que se hizo acompañar desde entonces de varios sirvientes blancos, a fin de darle –según ella– un aire más respetable al momento.

   Se cuenta también que acostumbraba a recibir a sus invitados masculinos plácidamente tumbada en su bañera y que cuando, finalmente, salía de ella se pasaba horas tapada con una simple camisola, el pelo recogido, un poco de pintura de labios y unas cuantas gotas de su perfume favorito.

   Camilo hace lo que sea para tratar de contentar a su esposa, consiente y facilita cada una de sus avideces, y por eso encarga al escultor más célebre de entonces, Antonio Canova, la realización de una obra para la que ella misma posará como modelo. Para asombro del artista, le comunica que desea aparecer desnuda. Algo hasta entonces inconcebible, una Borguese nada más y nada menos, exponiendo su cuerpo desprovisto para que un escultor plasmara todas y cada una de sus líneas corporales en una escultura que sería contemplada por miles de personas durante, tal vez, siglos. Pero así era Pauline, quería dejar su impronta en la historia, y si tenía que hacerlo a través de una escultura, quería ser representada tal y como era realmente, sin ningún aderezo ni atavío. Por ello, el escultor llamó a su obra “Venus” porque realmente Pauline era la viva imagen de una diosa.

 

Óleo de Lorenzo Valles” Paulina Borghese en el estudio de Antonio Canova”. Expuesto en Galería Christie

 

Venus Victoria, Antonio Canova, Museo Borguese

 

La obra causó tal admiración que incluso John Campbell, segundo Conde de Cawdor, al verla, le encargó al artista un nuevo retrato de la princesa, transformada esta vez en una Ninfa o Nayade “tumbada sobre una piel de león”.

   Pero todo eso no fue suficiente para Pauline,  la monótona existencia en el fastuoso palacio Borguese parece entusiasmarle cada vez menos, y pronto comienza a echar de menos su amada Francia. Así que, junto con el beneplácito de su marido, regresa a París en 1808.

 Volver a la corte

   Allí retoma su actividad de coleccionar amantes y mantiene varias relaciones con diferentes hombres.

   De aquellos días data un magnífico retrato al óleo, de tamaño natural, del pintor francés Louis Benjamin Marie Devouges. La protagonista de la obra aparece sentada en el interior de un lujoso cuarto de baño de la época, cubierta apenas con un provocativo vestido tan sumamente transparente que prácticamente deja todo el cuerpo al aire, en el momento de ponerse las medias. Es más que probable que la identidad de la modelo sea la de Paulina Bonaparte, con la que la mujer representada guarda un notable parecido físico, más aun teniendo en cuenta que, según la crítica especializada, la obra fue encarga a Devouges (1770-1842) por su hermano el rey José I, quien tras su exilio a Estados Unidos en 1813 la conservaría en su mansión de Bordentown (Nueva Jersey), siendo adquirida tras su muerte en 1844 por el banquero y destacado coleccionista de arte norteamericano Nicholas Longworth (1783-1863).

   Pero parece que la puritana sociedad estadounidense de la época no estaba preparada para contemplar una pintura de tales características, por lo que Longworth tuvo que quitarla de la vista de sus conciudadanos.

Años después, pasa a ser propiedad de un tal Edward N. Roth, quien la tiene expuesta un tiempo en el Hotel St. Nicholas de Cincinnati (Ohio), siendo comprada a su viuda por John Ringling, por un importe de algo más de 20 000 dólares, cuya colección privada dará lugar al conocido Museo Ringling de Sarasota (Florida), donde ingresa en 1936.

Louis Benjamin Marie Devougesuna ¿1819?

   Un final no esperado

  Pero las cosas no parecen ir también para Napoleón,  y en 1814  habiendo sido depuesto por el Senado, y bajo la presión de sus mariscales había abdicado y se había exiliado a la isla de Elba, Pauline le acompañó en ese destierro, e incluso cuando el general decide volver a Francia para recuperar el poder, Paulina le ofrece de nuevo todo su apoyo y regalándole además su valiosa colección de joyas con el fin de ayudarle a costear la campaña militar subsiguiente.

   Pero como ya sabemos Napoleón volvió a fracasar, la pérdida de la batalla de Waterloo hizo que finalmente su destierro fuera definitivo. Esta vez acabaría sus días en la isla de Santa Elena

   Rápidamente Pauline vuelve a Roma intentando conseguir apoyos en favor de su hermano, para que al menos las condiciones en las que se encuentra en la isla sean mejores. Pese a todo no recibe de parte de Napoleón ningún agradecimiento, más que eso, llega a prohibirle que lo visite en Santa Elena. Pauline se siente desgraciada, ha perdido el único apoyo con el que había contado siempre. Su hermano mayor ni siquiera le permite, y así lo deja escrito, que asista a su funeral, cuya muerte acaece en el mes de Mayo de 1821. Se desconoce el motivo de esa nueva actitud de Bonaparte hacia su hermana, aunque lo más probable es que estuviera cansado de protegerla durante toda su vida sin haber recibido nunca su agradecimiento.

   Cuatro años después, la salud de Pauline se encuentra deteriorada a causa de un cáncer uterino producido (según los facultativos de la época) «por la constante y habitual excitación de dicho órgano». Como se había reconciliado con su marido, su fallecimiento se produce en Florencia, tenía 44 años.

    Su increíble vanidad no parecía desvanecerse ni en sus últimos momentos, a punto de expirar por última vez, pidió a uno de sus criados que le llevase un espejo. Cuando se miró en él, sonrió y dijo: «No tengo miedo de morir; aún soy tan bella…»

   Interpretó su papel de princesa hasta el último momento, no quiso ser enterrada junto a su hijo y su primer marido (ese por el que tantas lágrimas derramó) en el castillo de  Montgobert y finalmente fue sepultada en la Capilla Borghesiana en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma.

   Quizá Pauline creyó realmente que era merecedora de una sepultura mucho mayor que la que podía ofrecerle un castillo en una pequeña población francesa, una basílica en la gran ciudad de Roma era un enclave mucho más distinguido para ella. Tal vez por eso su figura será recordada siempre como la de una mujer frívola y superficial.

                           Carolina García Alvarado

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s