La Dama Azul

 

   En su tiempo se llegó a decir de ella que decidía la política de estado, que fue una de las mujeres más cercanas al rey Felipe IV,  consejera, orientadora espiritual, asesora en sus finanzas…  La figura de la Venerable, Sor María Jesús de Agreda, es un ejemplo de como la mujer en la historia, a pesar de haber sido desdeñada en multitud de ocasiones, ha dejado su impronta en los momentos más importantes.

Sor Maria Jesús de Agreda

   Nacida en Agreda , en la provincia de Soria, el 2 de abril de 1602 en una noble y pudiente familia con  posiblemente  antecedentes judíos, la vida de María Coronel y Arana, pues ese era su nombre de nacimiento, transcurrió de forma tranquila hasta que cumplió los trece años. Se dice que por aquel entonces  Catalina,la madre de María, tuvo una revelación divina según la cual debían transformar su casa en convento e ingresar en él como religiosa, tanto ella como  sus dos hijas, María y Jerónima, mientras que el padre y los dos hijos del matrimonio, Francisco y José, se ordenarían como religiosos en la Orden de San Francisco.

   Y así, pese a la disconformidad inicial del cabeza de familia y algunos vecinos opositores a tal empresa, que lo  consideraban como un agravio al matrimonio, el 1 de marzo de 1618 se firma la escritura por la que los Coronel-Arana donan su hacienda para la nueva fundación.

Convento de la Concepción, en Agreda

  “Entre las monjas concepcionistas había dos ramas: una de calzadas y otra de descalzas. Madre e hijas se decidieron por el instituto de descalzas. Mas como en el área de la provincia franciscana de Burgos, a la que pertenecía la fundación de Ágreda, no había concepcionistas descalzas, sino sólo calzadas, se cometió la anomalía de traer de Burgos tres monjas concepcionistas de las calzadas en calidad de fundadoras de un convento que había de ser de la rama descalza. Por esta razón, dirá Sor María tiempo después, que la fundación no tuvo buen principio, pues las fundadoras venidas de Burgos tenían que enseñar un modo de vida que ellas no habían profesado ni practicado .Tras una formación de cuatro años las monjas burgalesas abandonaron el convento de Agreda y  regresaron a su monasterio de origen  ”

   A la edad de dieciséis años, María toma finalmente los hábitos para convertirse en Sor María de Jesús de Agreda.

   El éxtasis de Sor María

   Se cree que fue a los dieciocho años cuando Sor María comenzó a sufrir una serie de trances que terminaron por conducirla hasta el verdadero éxtasis místico. Sor María permanecía inmóvil e insensible por espacio de dos o tres horas. El éxtasis venía acompañado de la levitación. “Se elevaba sobre el pavimento y adquiría una levedad tan pasmosa, que un pequeño soplo podía mover en uno y otro sentido la masa ingrávida de su cuerpo. Se enardecía su rostro y estos arrobos llegaron a más del millar”. De esta forma lo detallaba uno de sus confesores, Juan de Torrecilla.

   Se ha dejado escrito que Sor María , desde su infancia, tuvo siempre la necesidad de “salvar almas para el Señor”. Por ello, en un momento clave de su vida, todos esos fenómenos sobrenaturales padecidos hasta entonces se concentraron en uno solo, y dedicándose exclusivamente a tal fin, la religiosa experimentó el fenómeno de la bilocación.

   Tal prodigio consistía en intervenir y mostrarse en dos lugares a la vez, aunque de uno a otro se hallara una distancia considerable, en este caso serían miles los kilómetros. Sor María cruzaría el Atlántico para trasladarse hasta las tierras de Nuevo Méjico donde intentó transmitir a todo aquel que quisiese escucharla, la palabra de Dios. Y así ella mismo da cuenta de ello:

“Paréceme que un día, después de haber recibido a nuestro Señor, me mostró Su Majestad todo el mundo, y conocí la variedad de cosas criadas; cuán admirable es el Señor en la universidad de la tierra; mostrábame con mucha claridad la multitud de criaturas y almas que había, y entre ellas cúan pocas que profesasen lo puro de la fe, y que entrasen por la puerta del bautismo a ser hijos de la santa Iglesia. Dividíase el corazón de ver que la copiosa redención no cayese sino sobre tan pocos. Conocía cumplido lo del Evangelio, que son muchos los llamados y pocos los escogidos…

Entre tanta variedad de los que no profesaban y confesaban la fe, me declaró que la parte de criaturas que tenían mejor disposición para convertirse, y a que más su misericordia se inclinaba, eran los del Nuevo Méjico y otros reinos remotos de hacia aquella parte. Él manifestarme el Altísimo su voluntad en esto, fue mover mi ánimo con nuevos afectos de amor de Dios y del prójimo, y a clamar de lo íntimo de mi alma por aquellas almas.”

   De este hecho se afirmó que sucedió en la iglesia de la Isleta de Nuevo Méjico, a unos kilómetros al sur de Alburquerque. El padre Samaniego, biógrafo de Sor María, aseguró que las personas que allí se encontraban, testificaron haber visto a una mujer vestida con un manto azul que les habló de la grandeza y el amor de Dios. Los franciscanos de la iglesia mostraron varios retratos de distintas religiosas concepcionistas a los feligreses, todas portando la característica indumentaria que incluía ese mismo manto azul , y todos coincidieron en que se trataba de la misma monja, Sor María Jesús de Agreda.

   Desde entonces, la figura de la prelada es venerada en el lugar, recordándola siempre con el apelativo de La Venerable Dama Azul o Dama Azul de las llanuras. Y llega tan alta la estima a Sor María que muchos historiadores americanos la consideran una de las mujeres más importantes de la historia de España.

Iglesia de la Isleta, construída entre 1613 y 1617

   Este relato increíble fue atestiguado históricamente porque fue sometido a un riguroso examen por la Inquisición Española, que determinó la veracidad de los eventos extraordinarios. A la misma conclusión han llegado algunos historiadores estadounidenses de nuestros días, muchos de ellos protestantes, judíos e incluso agnósticos.

   Ni siquiera Sor María se libró de la persecución del tribunal eclesiástico y en 1635 se abrió un proceso contra ella, investigándola por el fenómeno de la bilocación. Sor María declaró que en Agreda nació  y que  jamás salió de su pueblo ni del claustro( lo cual era cierto) en el que había entrado a los dieciséis años cuando ella y toda su familia se constituyeron en congregación franciscana por directa petición divina a la madre de la familia.

   Finalmente parece que tras unos años el proceso  terminó cerrándose, siendo favorable para la monja, a la que se la trató de una forma bastante benévola.

     La consejera del rey

      La fama de la docta abadesa en 1627 (un año antes Sor María había sido nombrada priora del convento de Agreda)  llegó hasta el mismísimo  rey de España, Felipe IV. El monarca, que hasta ese momento había delegado todas las máximas responsabilidades del gobierno en manos del Conde-Duque de Olivares,  Gaspar  Guzmán, se encontraba preocupado e inquieto antes las hostilidades creadas con otros países y la propia gestión de este. Se hallaba pues, en un momento de incertidumbre y abatimiento tanto político como religioso. El rey decidió acudir al monasterio de Ágreda, el 10 de julio de 1627 para solicitar consejo a Sor María.

Sor María y Felipe IV

   Después comenzaría un largo periodo de relación epistolar  que duraría 22 años. Se enviaron cientos de cartas, el contenido de ellas es variado, muestran un gran respeto y admiración  del uno por el otro. Confesiones, consejos, consultas y  directrices.  Sor María de Agreda sería ya la consejera del monarca para el resto de su vida.

   En una de las misivas, Sor María advertía al rey Felipe del peligro que a veces corría,  pues su figura era objeto de envidias y recelos por parte de muchos que lo rodeaban en la corte real, y le aconsejaba que buscara la luz entre todos ellos y que no ignorara su mensaje,  pues el mismo espíritu del infante Baltasar Carlos, el hijo fallecido del rey, le había revelado tales palabras para que advirtiera a su padre.

   Era de tan importancia la correspondencia mantenida entre los dos, que el rey ideó un método con el que nadie, excepto él y Sor María, pudiera nunca conocer su contenido. Felipe escribía siempre sus cartas dejando  un amplio margen en el papel que utilizaba para que Sor María respondiera en ese mismo folio y de ese modo el rey siempre sería el único poseedor de las cartas.

   Como Sor María contaba siempre a su confesor cada hecho de su vida, él mismo le recomendó que lo más correcto era que la monja tuviera también una copia de las cartas que escribía y recibía del rey. El mismo se ofreció para copiarlas una a una. Sor María sintió traicionar a Felipe con ese proceder, pero se consolaba pensando en que ¿qué monja se atrevería a desobedecer a su confesor?

Mística ciudad de Dios  

     La relación de las obras escritas por Sor María es muy extensa, nos dejó decenas de libros escritos:” Jardín espiritual y nivel del alma” ,”Las sabatinas”, “Algunos sucesos de doctrina y enseñanza para el alma.” “Ejercicios espirituales de retiro”,  “Escala para subir a la perfección”, “Leyes de la Esposa”, “,Meditaciones sobre la pasión de nuestro Señor”…Pero sin duda su obra cumbre fue “Mística ciudad de Dios” . Libro del que se han realizado más de doscientas cincuenta ediciones en diversas lenguas. De contenido teológico y  literario, en él se mezcla lo devoto y lo novelesco, la historia bíblica y el misticismo, dentro del barroquismo propio de la época. El libro básicamente recoge la vida y milagros de la Virgen María, acentuando los misterios de la Inmaculada. En la Biblia pocas veces se hace mención a la Virgen y ella quiso, mediante este libro, que la figura de la madre de Jesús se equiparara a este y se le reconociera su papel, tras la muerte de su hijo, como corredentora del mundo.  El libro se escribió en un contexto histórico que no favorecía su divulgación y es que España, en ese momento, vivía en medio de una exacerbada disputa sobre el dogma de la Concepción. Por ello, la misma Sor María, por miedo a las posibles represalias de la Inquisición, quemó la obra para evitar que pudiera ser publicada. Aunque por suerte parece ser que el confesor de Sor María la animó a que la redactará de nuevo pues la consideraba una gran obra.

   Pese a todo, Sor María nunca vio su libro publicado, la Inquisición requisó el libro para someterlo a un examen tan minucioso que duró hasta doce años, para finalmente ser publicado en 1686. Mientras duraba este proceso, la obra es denunciada a la Suprema Inquisición de Roma, y su lectura será prohibida por el momento, hasta que se aprobó en 1681 por un Decreto de Inocencio IX. Y más tarde Clemente X declarará a Sor María “Venerable”, ordenando que siguiera adelante la Causa de su beatificación.

La beatificación que nunca llegaría

   La traducción de la obra  “Mística cuidad de Dios” al francés en 1695 levanta en París una imponente oposición, que lleva a la condenación de la misma por la Sorbona. Ante tal reprobación, se cuenta que se movilizan tanto las universidades católicas de Europa como las  universidades de Lovaina y Toulouse, tal fue esa movilización que no es comparable a ningún otro apoyo a  ninguna otra figura femenina de la época cristiana. Se declararon públicamente a favor de  La Venerable, las Facultades de Teología de las Universidades españolas de Alcalá, Burgos, Cádiz, Canarias, Granada, Madrid y Salamanca además de colegios mayores de los religiosos de San Agustín, San Basilio, San Benito, San Bernardo, San Jerónimo, San Norberto, los Clérigos Regulares y los de San Cayetano, los Dominicos, Franciscanos, los Jesuitas, los Carmelitas, los Mercedarios, los Mínimos, los Trinitarios.

Cuerpo incorrupto

   Sor María de Jesús de Agreda murió el 14 de Marzo de 1665 en el convento donde había vivido toda su vida. Se la enterró en la iglesia del claustro, su cuerpo fue expuesto en el altar mayor, donde permanece hasta nuestros días de forma incorrupta, esto es para muchos otra gran prueba de su santidad.

   A día de hoy, el monasterio de Agreda permanece cerrado, aunque es visitable bajo petición. En el verano del 2009 las últimas monjas concepcionistas lo abandonaron y se marcharon al monasterio que la orden tiene en Osuna (Sevilla). En los últimos tiempos únicamente había dos monjas en el convento y la madre priora se vio obligada a pedir permiso a Roma para abandonarlo finalmente.

Sor María en el mundo

   La admiración y la atracción por la figura de la monja española en tierras mejicanas ha perdurado en el tiempo. Muchos son los que han querido recuperar su historia y traerla hasta nuestro tiempo. El 17 de Junio de 1944, el historiador William Dunning y el compositor Joseph Weber estrenaron en un teatro de Santa Fe, la ópera llamada “Sor María” inspirada íntegramente en la vida y milagros de la religiosa y su gran obra “Mística ciudad de Dios”. Weber escribió todo el libreto basándose en el libro escrito por el último confesor de Sor María, Fray José Samaniego.

 

Página del periódico The Morning Herald Hagerstown de Maryland que publicita el estreno de la obra en 1944

   Sin retrotraernos tanto en el tiempo, encontramos más alusiones a Sor María en el continente americano. El 6 de Agosto del año 2016, el periódico Lubbock AvalancheJournal de Nuevo Méjico en su edición digital, publicó un amplio artículo sobre la vida de la mística al que tituló: “ Lady in Blue made ‘spiritual journeys’ to South America from Spain”

http://www.lubbockonline.com/filed-online/2016-08-06/caprock-chronicles-lady-blue-made-spiritual-journeys-north-america-spain

Incluso se dice que el director Mel Gibson, para dirigir su  película “La Pasión de Cristo”  también se inspiró en el trabajo de Sor María.

   La singularidad de esta historia es la de muchos. Todos conocemos el refrán de “Nadie es profeta en su tierra”, posiblemente el testimonio de Sor María es mucho más conocido, y quizá respetado, más allá de nuestras fronteras. Al menos su obra sigue presente y sigue siendo estudiada. Sea este un pequeño homenaje a la memoria de una mujer que dedicó su vida a la expansión y divulgación de su fe en Dios.

                                                Carolina García Alvarado

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