Las piedras de Ica

Javier Cabrera Darquesa (1924-2001) fue médico cirujano, graduado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y catedrático fundador de la Universidad Nacional de San Luis Gonzaga de Lea. Ejerció durante  treinta y siete años la medicina en el Hospital Obrero de Ica, siendo también director de la Casa de la Cultura en la misma ciudad. En junio de 2001 se le rinde un homenaje concediéndole la medalla de la ciudad de Ica y se le nombra Hijo Ilustre. Ese mismo mes se funda la Asociación Dr. Javier Cabrera Darquesa, que será la encargada de custodiar las piedras y difundir las ideas y escritos del médico.

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La última morada de Germana y Fernando

La reina Isabel de Castilla, consorte del reino de Aragón ,Sicilia y Nápoles falleció el 26 de noviembre de 1504 a la edad de cincuenta y cuatro años. El testamento de la reina católica era claro y conciso. Legaba el trono a su primogénita, la infanta Juana, pero al mismo tiempo concedía a Fernando, su esposo, la administración y gobierno en su nombre del reino de Castilla. Todo ello hasta que el infante Carlos, hijo de Juana, cumpliese veinte años.

Los castellanos no querían ni aceptaban que un rey aragonés les gobernara, así que Fernando no tardó en trasladarse al reino de Aragón, dejando a su hija y esposo Felipe (el hermoso) como soberanos de Castilla. No sería por mucho tiempo, pues el joven rey Felipe fallecería al poco de tomar posesión del reino dejando como sabemos, a una Juana abatida y turbada que llegó ser poco más que un simple instrumento en manos de su padre y más tarde de su propio hijo.

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Esfinges íberas, un toro y Agost

Cuando oigo el pueblo de Agost, tan sólo puedo esbozar una sonrisa. En esta tierra de arcillas he pasado los mejores años de mi vida, donde la infancia me trae tan buenos recuerdos. Pueblo donde en parte he crecido con mis abuelos en la vieja calle Alfarería, en aquella vieja y enorme casa (¡ay, pero cuánto lloré cuando la pusieron en venta!) que aún conservaba en su patio un antiguo horno alfarero. Me encantaba asomarme con mucho cuidado y observar los restos de cerámica que, para mí, eran auténticos tesoros.

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